miércoles, 10 de septiembre de 2014

Saint-Jean-Pied-de-Port, julio 2014.

Un paseo por una de las más antigua ciudad medieval del País Vasco.

Para descansar de nuestras anteriores peripecias silvestres, decidimos visitar Saint-Jean-Pied-de-Port, situada a apenas un tiro de piedra de Valcarlos, el pueblecito donde nos hospedábamos.

El tiempo estaba bastante nublado, perfecto para perderse por el corazón del casco antiguo de la ciudad. Entramos por la "Porte Saint-Jacques" para descubrir unas floridas calles sembradas por imponentes casas de estilo vasco.





La ciudad es pequeña y rápidamente se perfilan las murallas de la fortaleza, con sus puertas estratégicamente situadas en los cuatro costados de la ciudad. Evidentemente, mi niña no pudo contener su curiosidad y consiguió inmiscuirse por unas ventanas abiertas para hacer fotos de la casa de un cazador a la antigua, famoso en el reino entero.







Rápidamente llegamos al camino de ronda que sube hacia la ciudadela, arquitectura mucho más marcial que la parte baja de la ciudad, aunque no desprovista de un cierto encanto.





Pensaba que una vez arriba se podían vislumbrar las estrellas. Como no se dejaban ver, decidí fotografiar a la princesa de mis días, que es la más bella luz del firmamento. Abajo, una fina llovizna acariciaba los tejados rojos de envidia.





De vuelta hacia la Nivelle, el río que parte la ciudad en dos, vimos como un pastor de piedra vigilaba su rebaño con un ojo severo. Hasta los borregos no se atrevían a tirar pedos.



Una vez llegados a la iglesia de "Nuestra Dama del final del puente", las tranquilas aguas del río reflejan todas las bellezas que se han parado en su orilla.




En lo alto de la puerta de "Notre-Dame", mi dulcinea no hizo ningún caso a la "inmaculada del nicho" sino que ofreció su más bella sonrisa a su fiero fotógrafo que la sigue y persigue en todas sus aventuras. En la orilla, la parte medieval de la cuidad hace frente a otra mucho más silvestre.





A la salida de la ciudad, se puede advertir  la puerta de "Notre-Dame" desde su ubicación más "turística". Al otro lado del puente, la Nivelle sigue su curso hasta Saint Jean de Luz, ciudad de mi infancia, donde se deja enlazar por el gran océano, rey de los reyes.

PD: Unos sabuesos internautas nos han comunicado que una extraña foto de tiempos más revueltos se había inmiscuido en nuestro reportaje. Esperemos resolver lo antes posible este curioso accidente informático.





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Después de una pequeña vuelta en coche por el País Vasco francés, justo después del famosísimo pueblo de Musculdi, donde la vacas saben mascar chicles, no he podido resistir la tentación de ofrecerles esta bellísima panorámica, una bella foto de mi niña flor.


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