En la granja de San Miguel, compartiendo amor, sol y cariño.
El astro solar parecía implacable, ofreciendo poca sombra en estos angostos caminos. Aunque una colonia desordenada de pinos resecos nos había dado una calurosa bienvenida, el calor era el rey de estos silenciosos parajes. Pero nada ni nadie pudo impedir a mi bella niña flor el derecho de sembrar un poco de color en tan árido paisaje.
Pocos lugareños por estos parajes olvidados, pero mucha belleza escondida en los lugares más insospechados, dejando al peregrino curioso el derecho de contemplar los sencillos secretos de sus delicados encantos.
Ibamos en busca de una antiquísima fuente cuyas aguas, decían, era capaz de hacerte olvidar la calidez del entorno. Y era verdad. El agua era tan fría que hasta costaba beberla sin quemarse los labios de frescura pura. Eso sí, ayudó a que el camino de vuelta fuese más templado, dejándonos caer en la granja hacia la hora de la comida.
Mientras el horno se calentaba, mi dulcinea trabó amistad con un conocido del lugar, un cariñoso amigo de cuatro patas cuya mirada pedía algún hueso que roer.
El frescor llegó con la noche, un real alivio que nos llenó el corazón. Mientras el sol desaparecía, la vida del crepúsculo se despertaba, ofreciendo una sinfonía de sonidos encantadores compuestos por pájaros, grillos y cigarras, todos unidos en un baile de sonidos nocturnos. Es cuando mi bella flor se vistió de azul que sus besos y caricias supieron a luna y estrellas.
Al día siguiente, mi encantadora niña se había transformado en Sirenita de dulce mirada. El cambio fue espectacular. Mi reina de las orillas de los mil paraísos iluminó las aguas al mismo tiempo que mi mirada, ávida por contemplar tanta belleza.
A la hora de irnos, a mi niña flor le costó desprenderse de sus sueños acuáticos, y es a la sombra de unos pinos amigos que nos despedimos de tan dulces aventuras.





























Miro las fotos del comienzo de esta historia y se nota el paso del tiempo. Sólo pido que el tiempo nos regale felicidad y tiempo para estar juntos, sólo pido que me quieras, sólo pido envejecer a tu lado. Te quiero dulce príncipe.
ResponderEliminarEl tiempo sólo es bello a tu lado. Cada vez que miro al horizonte, es tu sonrisa que veo, bella niña. Te quiero, dulce flor de mi corazón.
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