jueves, 10 de abril de 2014

Chulilla, marzo 2014

Chulilla, el lago Azul, las pinturas rupestre y la ruta de los puentes colgantes.

Al llegar a Chulilla, nuestra primera meta fue la de encontrar un horno para comprar el pan de los bocadillos, una gran aventura como no las hay. Poca gente a estas frías horas de la mañana. Las calles empinadas y las casas blancas dan una impresión de solemnidad y tranquilidad apenas perturbada por el canto de los pájaros. Un verdadero placer para el conjunto de los sentidos.











Una vez salimos del pueblo y a punto de llegar al puente que da hacía el monte, el Frailecito domina la belleza de estos salvajes parajes. Seguimos la ruta al lago Azul iluminado por un sol naciente, lo ideal para besar a mi amada dulcinea en las puertas mismas del paraíso. Una vez llegados al lago, el despertar de los colores reflejándose en sus tranquilas aguas es un espectáculo digno de ver de buena mañana.













La vuelta se hace por otro camino un poco más empinado que nos devuelve directamente hacia la parte baja del pueblo, faro blanco en este mar de vegetación a punto de despertar.




Decidimos seguir nuestra peregrinación por una senda que tenía que llevarnos hacia las famosas pinturas rupestres. Pero es más que probable que Monsieur le Txema, gran explorador de lo inconcebible, tenía la brújula algo estropeada porque acabamos el paseíto 15 kilómetros más allá, saludando el famoso pantano de Loriguilla, el preferido de Santa Bea de los caminos, nuestra guía del día.








Acabamos por llegar sin querer a la ruta de los puentes colgantes, el tramo más esperado de nuestro cuarto caminante, el gabacho de la melena salvaje. Se nos escapó el Malako, cruzamos los colgados y acabamos reventados… En cuanto a monsieur le Txema, no pudo refrenarse las ganas de bañarse totalmente vestido y con las botas puestas. ¡Un fenómeno! Pero conseguimos volver a Chulilla sanos y salvos para sentarnos en el primer bar que nos encontramos, disfrutando del merecido sustento de los caminantes: una buena comida por tres duros acompañada por cervezas bien frescas para quitarnos las fatigas de este duro día.













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