jueves, 13 de junio de 2013

La vall de la gallinera, noviembre 2012


La vall de la gallinera, un día de sol y esperanza otoñal.

Allí fuimos, valientes y trepadores, forjados a tope para subir hasta la foradá. Al principio del camino, miles de colores bucólicos para amansar nuestras almas templadas. El camino, muy bello, con una magnifica senda que nos dejó en las cimas.








Una vez en la foradá, el paisaje monumental te deja con la vista aturdida. No sabes donde mirar ni que decir. Lo mejor es callar y comerte un buen bocadillo. El mío era del mar, especialmente preparado por mi Sirenita de las nubes saladas. 












Bueno, después de la fiesta y del descanso, hay que seguir subiendo con los huevos bien puestos. A mi niña le encanta subir, el problema suele llegar durante la bajada ya que no hay caídas que pueda con ella.










Una vez en Benisivá, nos comimos una olla de blat que la flipas, un festín rematado con un triple barretxat para acabar el día feliz y contento. Volví a casa cantando y en el maletero, con los dos perros como mejores amigos de toda la vida. ¡Waf Waf!




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