Un paseo en solitario en Dardenac, el pueblo de mi infancia.
Como cada año, vuelvo hacía el frío invierno de mis tierras. Las navidades se hacen alrededor de la chimenea y los comensales son, curiosamente, cada vez menos numerosos. Mis paseos se hacen por caminos muy conocidos… y aunque mis ojos se han acostumbrado al paisaje tantas veces visto, siempre me maravillo de lo simple de su belleza.
Entre viñas y bosques, unos ciervos se escapan de mi presencia. Ojala sean capaces de mantener vivo este rayo de sol que le da un poco de color al silencio que se ha apoderado del cielo.
Sin mi bella a mi lado, mis paseos se hacen cada vez más gelidos. Sin ella, el pequeño pueblo se ha quedado sin su princesa. Menos mal que, primavera de mis sonrisas, suele volver acompañada del sol y del calor.
Entre la tierra y el cielo está el espacio. Es un verdadero placer poder perderse entre sus invisibles momentos de olvido.
La abuela ya no habla mucho, aunque todos sabemos que es un pozo de sabiduría, amor, cariño y mala hostia.

















Oh!!!! Mi amor que precioso, siempre me llenas el alma de dulzura, paz y amor...
ResponderEliminarTu abuela puro carácter de corazón muy tierno, a quien iba a salir mi amado!!!!
Mi bella suele acompañarme en mi viaje... incluso si no estás a mi lado, estás en mi corazón.
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