Combinados están, fuertes como robles, intrépidos como linces ibéricos y felices como perdices. Por eso son Combinados y bien combinados.
Empezamos esta ruta por el sendero del Toro, todos listos para afrontar a la bestia y subir hasta el paraíso de la sagrada Creueta.
La subida es ruda y sin tregua, pero las panorámicas sobre el valle se vuelven más impresionantes cuanto más se asciende. Y para los Combinados, subir es sagrado.De hecho… les encanta subir.
Después de las fotos en el mirador, el tema se volvió más espinoso. Además de subir, toca pincharse, arañarse y llevarse alguna que buen recuerdo. Eso sí, trepamos como cabras montesas en pleno festival de acrobacias.
Pero, una vez llegados al altiplano, descubrimos una explosión de flores coloridas que enseguida nos hizo olvidar la dureza del último tramo.
El señor Chuxo, fotógrafo impenitente, se volvió loco con las espirales. Las veía por todas partes… aunque después se calmó y siguió caminando calladito.
La niebla nos acompañó durante un buen rato, transformando el paisaje en bellezas movedizas dignas de las mejores novelas de suspense.
Pero tras las nubes volvimos a encontrar praderas de flores silvestres que parecían esperar nuestra llegada para hacerse aún más bellas.
La bajada fue mucho más fácil de lo esperado. Menos mal, porque el tiempo, cambiante por naturaleza, empezaba a volverse algo imprevisible.
Aun así, conseguimos bajar a buen ritmo hasta el camino forestal que nos llevó al sendero de los Milagros.
Si antes vimos flores en todo su esplendor, esta parte del valle nos dejó las retinas completamente coloreadas.
Por fin, descendimos de nuevo por un barranco estrecho hasta Simat, que se perfilaba a lo lejos con su fantástico monasterio como meta central de nuestra peregrinación lumínica.
Y, cómo no, nos fuimos sin pensarlo ni un segundo hasta el bar-restaurante Ca Ramonet, lugar predilecto de los chuxines, animales de gustos refinados y paladar entusiasta. El señor Chuxo acabó con el licor casero y se fue la mar de contento hacia otros lares.
Evidentemente, visitamos también el monasterio de Santa María de Valldigna, una joya escondida en este precioso valle tan cerca de casa y que, aun así, visitamos demasiado poco. Con estas fotos se puede admirar la increíble destreza fotográfica del señor Chuxo, maestro ladrador y rastreador de los buenos.
El Team Combinado os invita a nuevas aventuras de las suyas. Muy pronto, en exclusiva mundial. ¡Viva, viva y larga vida a los Combinados!










































































































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