Una ruta fácil para un mini grupo de tres componentes: dos doncellas y un robot algo achuxinado. El camino empieza en los mismísimos Embarcaderos de Cofrentes, una zona altamente turística y apenas radioactiva.
La subida comienza por un camino forestal que nos ofrece bellas panorámicas de la presa y del barranco, por el que continúa un precioso sendero que transcurre entre bosques de pinos y matorrales.
Una vez salido del sendero, se sigue un larguísimo camino forestal, ideal para poses fotográficas y charlas animadas.
Después de cruzar la carretera, repleta de coches de turistas que van a visitar el Castillo de Chirel, continuamos por el camino turístico que, además de ofrecer impresionantes vistas hasta las ruinas del castillo, regala panorámicas hacia toda la parte fluvial que, aquel día, lucía resplandeciente.
Mi niña flor estaba en tan gran forma que nos dejó más tirados que caracoles en su jugo. Desde lejos se veía su camiseta fluorescente que, además de iluminar las alturas, regalaba al paisaje árido una nota de alegría.
Lo cierto es que la subida hasta el castillo vale realmente la pena. Caminar entre estas ruinas tan bien restauradas, junto con las panorámicas de 360 grados, es todo un regalo para el caminante que llega desde el más allá de los bosques empinados.
La bajada fue rapidísima y sin ningún tipo de complicación. Después nos fuimos a comer en el pequeño bar de La Liber situado en la plaza principal de Cofrentes, donde nos trataron la mar de bien. Es un gustazo acabar una caminata con tan buena onda.





























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